Puesto que a este blog pueden acceder tanto mi madre como mi suegra, al menos de momento, voy a obviar cómo aconteció el primer punto y me centraré en la coordinación del segundo punto.
Ahora, una vez pasada lo vorágine del momento, creo que las potenciales visitas se pueden dividir en dos grandes grupos: por un lado están las personas que sienten la necesidad o el deseo de conocer al recién nacido (caso A) y por otro, aquellas que sin tener tanta ilusión, se ven en la obligación protocolaria de hacerlo (caso B). Sea cual sea el origen de la visita, se puede hacer otra división según el grado de impaciencia, pues hay gente que espera (porque ya ha pasado por ello) o pregunta por el mejor momento (tipo 1) y están los que, sin más, se presentan (tipo 2).Centrándonos en la presentación en sociedad de Rodrigo, debo decir que el hecho de no haber sido bautizado (al menos de momento, pues siempre tendrá tiempo de pedirlo si le apetece) nos quitó una buena ocasión para presentarlo, de modo que tanto los casos A y B en sus versiones 1 y 2 pasaron por casa o por el hospital para conocer al nuevo miembro (hoy por hoy el eje) de la familia (si bien es cierto que los individuos tipo 2 hubiesen obviado la presentación oficial y se habrían presentado igualmente).
Para no extenderme más de lo estrictamente necesario diré que por mucho que lo intenté, aun a riesgo de resultar grosero en algún caso (especialmente con los parientes y amigos de la rama P(apá)), en multitud de ocasiones la visita se produjo en un mal momento, pues o bien la madre no estaba en su mejor momento o el lechón tenía uno de esos malos ratos que tan fácilmente contagia a sus progenitores. Eso por no hablar de los casos en que una visita del caso A y tipo 1 que lleva pacientemente esperando su turno se presenta en casa y a los 5 minutos aparece un grupo anárquico del caso B y tipo 2 que saturan la vivienda y hacen que la visita tan bien organizada tenga que marcharse antes de tiempo.
Debo reconocer que, aunque me considero un individuo caso A auténtico (nunca he sido amigo de los actos de sociedad forzados) hasta que conocí a Rodrigo y sus consecuencias mis visitas eran de tipo 2, pero estoy seguro de que la experiencia me ha hecho convertirme al tipo 1 por empatía.
Por otro lado, si estás leyendo este post porque acabas de ser papá o estás a punto de serlo te diré que (primero enhorabuena, y bienvenido al club) y, segundo, que no te esfuerces demasiado por controlar lo incontrolable (es un esfuerzo estéril) y que antes de que te des cuenta, tu hijo será para las personas del caso A tan indiferente como imprescindible para los del caso B.
