En el momento de escribir estas líneas, Rodrigo sólo tiene 6 meses (le falta una semana todavía para llegar al ecuador de su primer año de vida), por lo que todavía es muy pronto para sacar conclusiones. Además, ésta ha sido una de las peores noches que se le recuerdan, ya que le cuesta un poco respirar por los mocos y se ha despertado varias veces esta noche bastante sobresaltado.
A pesar de todo, Rodrigo es un niño que duerme estupendamente. ¿En comparación con quién?, pensarás. Obviamente, en comparación con la idea que nos habíamos hecho que serían las noches de bebé, pues no tenemos más hijos y la gente a la que le preguntas no suele ser excesivamente sincera a la hora de narrar las características menos virtuosas de sus hijos (lo que se entiende, por otro lado).
Para ir centrándonos, diré que la historia de la somnolencia de Rodrigo es como sigue:
- Llegó a casa con 2 ó 3 días y despertándose escandalosamente cada 2 horas. Además, costaba un poco hacerle dormir, por lo que durante la primera semana, y teniendo en cuenta que tomaba el pecho siempre en su habitación, decidimos que durmiese sólo en su habitación, en la típica minicuna. Estoy seguro de que esta decisión no afectó en absoluto a su sueño, pero es evidente que al nuestro sí, pues a pesar de contar con un intercomunicador para escuchar si el niño se despertaba (aunque estando en la habitación de al lado y con las puertas abiertas, ¿quién no se entera?) no teníamos tanto reparo a la hora de hacer algún ruido durante nuestro período de descanso.
- Las primeras semanas fueron terribles: le costaba muchísimo dormir y se despertaba casi inmediatamente después de haberlo conseguido, por lo que recurríamos a acunarle o dormirle en brazos si era necesario.
- A partir del primer mes Rodrigo empezó a diferenciar el día de la noche: aunque comía tan a menudo como de día, cada dos horas y media o tres, quedaba automáticamente dormido después de cada toma. Su principal problema era coger sueño al principio de la noche (le acostábamos entre las 20:30 y las 21:00) y que se despertaba, generalmente, alrededor de las 6:00 o 6:30. Este segundo inconveniente lo subsanamos en un principio sacándole de la minicuna y acostándole boca abajo sobre mi pecho, bien en la cama o bien en el sofá. Para el primero, optamos por la educación.
- Las siguientes semanas tomamos la determinación de no dormir al niño en brazos ni acunándole, sino dejando que se durmiese sólo. Obviamente, no optamos por los famosos métodos que incitan a dejar llorar al niño, no porque estemos en contra de ellos, sino porque el niño era muy pequeño aún. Así pues, cada vez que el niño se alteraba una vez acostado, nos acercábamos a la cuna, le decíamos algo, le arropábamos o le poníamos el chupete, objeto por el que tampoco siente adoración. Esta labor nos llevó un tiempo, no sé cuánto, pues poco a poco empezó demandarnos menos hasta hoy.
- Un día tomamos la decisión de facilitarle las condiciones de sueño todo lo que pudiésemos, así que, cada día, independientemente de si estamos en casa, pasando unos días en casa de los abuelos o un fin de semana de viaje bañamos a Rodrigo a las 20:30, le damos de cenar aproximadamente a las 21:00, le acostamos totalmente despierto a las 21:15, le apagamos las luces, programamos 10 minutos de música clásica o sonidos de la naturaleza a muy bajo volumen y le cerramos la puerta de la habitación hasta que nosotros nos vamos a dormir, momento en el que le abrimos la puerta de nuevo. Por si surge un imprevisto, nos llevamos el intercomunicador al lugar de la viviendo donde nos encontremos, pero lo cierto es que Rodrigo, día tras día, se queda dormido sin el más mínimo problema.
Hasta aquí, lo objetivamente cierto. Pero como matiz quisiera dejar mi impresión personal: es muy importante seguir todos los días la misma rutina si queremos que el bebé sepa lo que viene a continuación. Así, aunque quedemos con amigos para tomar algo por la tarde, hemos de ser responsables para cumplir con la rutina (o dejar al niño con alguien para que así lo haga); si la cena de nochevieja se celebra en casa ajena, hacer todo lo posible para que el bebé siga con su rutina.
Muchos pensarán que no se debe ser tan estricto, pero mientras nos funcione, nosotros seguiremos así.
sábado, 23 de enero de 2010
domingo, 17 de enero de 2010
La guardería
Sé de antemano que muchos de los que lean este post (si es que finalmente alguien se decide a seguir el blog que con tanto cariño he empezado) pensarán que soy un padre desalmado y que no tengo perdón de Dios. Y tan sólo por el hecho de que Rodrigo, con 5 meses y medio, ya ha empezado la guardería (para ser exactos la empezó hace un mes, aunque en cortas sesiones de adaptación, no para él, sino para su madre).
La decisión estaba tomada, no ya de antes de que naciese el lechón, sino posiblemente de antes incluso de que fuese concebido. La razón es muy sencilla: tanto su madre como yo somos trabajadores (por suerte, en los tiempos que corren) y aunque sus abuelos paternos viven en nuestra misma ciudad e insistieron en que ellos podrían hacerse cargo del recién nacido hasta que cumpliese un año, nuestra decisión fue que los abuelos deben ejercer de lo que son: abuelos.
Así pues, pese a realizar la solicitud para la red de guardería públicas de Gijón, algunos meses antes de la esperada llegada de Rodrigo nos pusimos manos a la obra en busca de una guardería privada que nos encajase. Mentiría si dijese que buscamos muchísimo, pues nos centramos en las de nuestro barrio y alrededores. En todas ellas te realizan una visita guiada indicándote los pormenores del día a día y toda la gama de medidas de seguridad infantil con las que cuentan. De todas ellas, nos decidimos, curiosamente, por la más cercana a nuestra casa, basándonos principalmente en los factores de higiene, instalaciones, cocina y, un factor bastante más subjetivo, la impresión que nos causó el personal.
La cuestión es que, sin esperárnoslo, cuando el bebé ya contaba con 3 meses, nos llegó el aviso de que Rodrigo había sido seleccionado para una guardería pública (municipal) bastante cerca de casa, así que pasamos a hacer la visita de rigor, de la cual nos llevamos una fantástica impresión: las instalaciones, pese a ser algo más antiguas que las de la pública, eran estupendas. Además contaba con un patio exterior, algo poco habitual en las guardería públicas que suelen estar instaladas en bajos comerciales. En cuanto al personal, cabe destacar que, al menos en esta escuela infantil, es fijo y, en el caso concreto de las educadoras están con los niños los 3 años de guardería, pasando de curso con ellos.Así pues, dejo a Rodrigo cada mañana de los días de diario entre las 9 y las 9:30 de la mañana en la Escuela Infantil Pegoyinos (un pegoyo es cada una de las patas de un hórreo), en la clase de los caracoles y doy fe de que se queda encantado de la vida, principal motivo por el que tanto su madre como yo estamos muy seguros de haber tomado una buena decisión.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

